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Mostrando entradas de junio, 2025

No era amor… era ajedrez con espinas.

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Uyuyú… ahora es. Ramona creyó que esta vez sí. Que por fin había llegado alguien con alma. Alguien que hablaba bonito, sonreía suave y la miraba como si fuera poema. Pero resulta que no era amor… Era estrategia. Él no llegó a quedarse. Llegó a estudiar el terreno, a moverse con cuidado, a decir lo justo, y a sacar lo que podía. Y Ramona, con su alma sin filtros y su ternura en bandeja, le abrió la puerta, el corazón… y hasta la agenda. Le creyó los silencios, los “te pienso”, los “contigo me siento en paz”. Pero cuando encontró una jugada mejor, cuando ya no le convenía seguir jugando con ella, le dio jaque mate. Así, sin remordimiento. Sin una explicación. Y sin una sola gracia. Y sí, dolió. Dolió ver cómo lo que parecía flor… era un cactus con colonia. Pero Ramona no se quedó ahí. Porque una cosa es caer… y otra, muy distinta, es quedarse caída. Ella entendió que el error no fue amar. Fue entregarlo todo a quien solo vino a jugar. El amor no se pierde, Ramona. Se transforma. Ese tiem...

Ramona y el Límite Invisible de la Empatía

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Ramona y el Límite Invisible de la Empatía Por Ana Ramona Fermín de Saavedra Contadora | Administradora | Especialista en Gestión Humana Creadora de Las Travesuras de Ramona Ramona siempre pensó que ser empática era su mayor virtud. Y lo era. Escuchaba sin interrumpir. Sostenía silencios incómodos. Justificaba actitudes ajenas con frases como: “Seguro está pasando por algo.” Y cuando alguien la trataba mal… callaba. Porque entendía. Porque era comprensiva. Porque no quería herir. Hasta que un día, después de una conversación que le dejó el pecho apretado, se escuchó diciendo algo que no le gustó: “Es que yo aguanto mucho.” Y ahí, en esa frase tan corta, entendió tanto. Porque la empatía no debe ser una excusa para soportarlo todo. Ni una justificación para tolerar lo que duele. Fue entonces cuando comenzó un proceso profundo de inteligencia emocional. Aprendió que no se trata solo de entender las emociones de los demás… También de reconocer las propias. De escucharse. De hacerse caso. ...

“Esa mujer no se disfraza de profesional… lo es”

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“Esa mujer no se disfraza de profesional… lo es” Por Ana Ramona Fermín de Saavedra Contadora. Administradora. Especialista en Gestión Humana. Directora de Soluciones Simples, SRL Creadora de Las Travesuras de Ramona En el mundo laboral, la imagen muchas veces se confunde con apariencia. Pero hay mujeres que no se visten solo para cumplir un código de vestimenta. Se visten para contar una historia. Para enviar un mensaje sin hablar. Para liderar con presencia, sin necesidad de imponerse. Durante años, me formé en lo técnico: Dominé la contabilidad, perfeccioné la administración, y me especialicé en gestión humana. Pero fue en el día a día, en medio de decisiones difíciles, equipos diversos y procesos por transformar, donde descubrí lo que realmente me define: •La capacidad de combinar estrategia con sensibilidad. •De liderar con disciplina, pero también con alma. •De usar la imagen como una herramienta de coherencia, no de apariencia. Cada pieza que uso cada blazer, cada tono neutro, ca...

 “Esa mujer… no es normal”

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 “Esa mujer… no es normal” Por Las Travesuras de Ramona Dicen que en toda oficina hay un protocolo. Que el blazer debe ser neutro. Que la voz debe sonar segura. Y que las emociones, si acaso, se guardan en la gaveta del escritorio… al lado del café frío y los clips sin usar. Pero un día, ¡ pum !. La puerta se abrió. Y entró ella. No caminó. Fluyó. No saludó. Encantó. Llevaba un pantalón que no pedía permiso. Un blazer beige que hablaba por sí solo. Y una mirada que decía: “ Traje el informe… y también traje mi esencia.” Ramona la miró desde su cubículo con una galleta en la mano y un pendiente en la cabeza. y lo supo de inmediato: esa mujer no es normal. Porque sí, organiza procesos, lidera equipos, hace magia en Excel (y sin gritarle al mouse). Pero también lleva labial rojo los lunes. Y cree que el respeto no se exige, se inspira. Su imagen es como un buen postre: sofisticada, pero con chispa. Delicada, pero inolvidable. Ella es la prueba viviente de que se puede ser jefa sin de...