Ramona de Enseñada y la lección de los cuervos.
Ramona de Enseñada y la lección de los cuervos
Hay aves que cantan y llenan de luz el amanecer y hay otras que, aunque negras y elegantes, solo aparecen para picotear lo que no construyeron. Esos son los cuervos. No hacen sinergia, hacen estrategia pero en tu contra. Se alimentan de tu esfuerzo, de tu nobleza y de tu tiempo, como si tu vida fuera un buffet gratis. Y claro, vuelan de mesa en mesa porque jamás pagan la cuenta.
Ramona de Enseñada ya había visto muchos cuervos disfrazados de palomas. Y en su escuela que es la de la vida aprendió algo claro: no todo el que vuela contigo merece llegar a tu destino.
Al principio, ella pensaba que con amor, paciencia y fe, hasta el cuervo más oscuro podía cambiar. Pero los cuervos tienen un talento especial: saben aprovecharse de la mano que les da de comer y luego vuelan con las alas limpias, mientras tú te quedas recogiendo las plumas y el pico del recibo.
Ese día, Ramona hizo su movimiento maestro: no les cerró la jaula simplemente dejó de llenarla. Y así, uno por uno, se fueron buscando otro buffet donde seguir picoteando.
Porque Ramona es así: alegre, clara, directa y precisa. Cuando algo le resta, corta. Cuando algo le suma, abraza. Y nunca, pero nunca, vuelve a volar con quien la hizo caer.

Hoy, Ramona vuela ligera. Sin cuervos, sin sogas, sin deudas emocionales. Y mientras su risa chispeante se mezcla con el viento, suelta su frase con más fuerza que nunca:
“Uyuyú… ahora es. Ramona vuela alto, y el que no suma… ni aletea a su lado. ¡Y mucho menos se sienta en mi mesa!”
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