Amar es aprender a vivir, incluso cuando duele.

Amar es aprender a vivir, incluso cuando duele.

Amar es uno de los aprendizajes más profundos de la vida. Nos enseña paciencia, complicidad, entrega y fe. Nos hace crecer como seres humanos.

Pero ¿qué ocurre cuando ese amor al que entregaste tanto, decide marcharse?

Cuando lo que un día fue complicidad se disuelve en frialdad. Cuando lo que era ternura se convierte en indiferencia.

Cuando escuchas frases que hieren como cuchillos: “no me acuerdo”, “nunca te prometí nada”.

No existe un manual para el desamor. Duele en lo más hondo, porque ese amor genuino y auténtico te lanza a un pozo sin salida, y la otra persona ni siquiera se detiene a mirar si sobreviviste o no. De repente, dejas de ser atractiva o suficiente para quien un día lo fue todo. Y ahí es donde entra la verdadera lección: la dignidad.

Porque aunque el otro se olvide, aunque borre con indiferencia lo vivido, lo que tú entregaste con amor habla más de tu grandeza que de su partida.

El amor nos enseña a vivir, sí. Pero el desamor nos enseña a renacer.

A entender que tu valor no depende de quien no supo verlo. A recordar que tu capacidad de amar sigue intacta. Y que lo que hoy duele, mañana será la fuerza que te hará más libre, más consciente y más fuerte.

Porque quien ama de verdad, nunca pierde: “siempre aprende”.

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