La vida, al natural” Una travesura reveladora de Ramona.
Ramona encendió el carro sin prisa, con el cabello alborotado, el rostro sin máscaras
y el alma encendida por dentro.
No necesitaba que el día fuera especial,
porque ella ya lo era.
Mientras manejaba,
una canción le hizo cosquillas al corazón.
Subió el volumen.
Y aunque no comprendía todas las palabras,
supo que eso no era solo música:
era un mensaje disfrazado de melodía.
Le hablaba de ir con calma,
de ser leal a sí misma,
de no vivir mendigando amor
ni aplausos baratos.
Y en ese instante,
entre semáforos y pensamientos,
Ramona lo entendió todo:
No necesitas adornarte para valer.
No necesitas que te elijan para sentirte completa.
Tú ya eres amor,
tú ya eres poema.
Desayunó con su intimidad,
y se tragó con gusto la mentira de que tenía que fingir.
Se bebió a sorbos su autenticidad
y se dijo frente al retrovisor:
“Hoy, yo manejo. Hoy, yo decido.”
Y mientras estacionaba,
con esa mirada que mezcla ternura y fuego,
Ramona soltó una verdad que quema y sana al mismo tiempo:
“El verdadero amor no se compra,
no se ruega,
no se mide con regalos ni con flores.
El amor de verdad es ese que se da sin condiciones…
y empieza contigo.”
Así que si hoy estás buscando señales…
aquí está la tuya:
Eres suficiente.
Eres poderosa.
Eres lo mejor que te ha pasado.
Y si el mundo no lo ve, no importa…
¡tú sí debes verlo!
Y como diría Ramona con una sonrisa ladina y los ojos brillando:
“Maneja tu vida con música fuerte, fe descarada y una buena dosis de amor propio.
Porque la vida es un poema…
y tú, mi amor, eres el verso que se atreven a recitar solo los valientes.”
Y justo antes de apagar el motor,
con la canción aún vibrando en su pecho,
Ramona se dio el mayor lujo de todos:
se eligió.
Y pensó:
“Si hoy no tengo todo, pero me tengo a mí…
entonces tengo lo más importante.”
Así que vive, pero a tu ritmo.
Ama, pero sin rebajarte.
Y no te escondas:
porque al natural, mi amor…
eres arte en movimiento.
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