LAS TRAVESURAS DE RAMONA: LA CASA DE LOS SECRETOS.

Uyuyú… Esta vez, Ramona entró a una casa sin llave.

La dejaban pasar, sí… pero nunca la invitaban a quedarse.

Él era admirado. Elegante. El que muchos respetaban.

Y aunque tenía el mundo a sus pies, siempre la elegía a ella.

Pero la elegía en silencio. A escondidas. Solo cuando nadie miraba.

Con otras, él era detallista.

Flores, cenas, paseos de la mano.

Con ella, eran encuentros sin aviso. Momentos intensos.

Y después, la nada.

En los momentos de entrega, él era tierno, cálido, parecía que el mundo se detenía.

Pero luego… cambiaba. Se volvía distante.

Era Ramona quien siempre lo buscaba.

Él nunca la soltaba, pero tampoco la abrazaba de verdad.

Y esa contradicción dolía.

Porque podía ser el más dulce por la noche…

y el más frío por la mañana.

Nunca le dio nada. Ni un regalo. Ni una cena preparada. Ni un gesto espontáneo.

Para Ramona, siempre era la olla, el silencio, el sacrificio.

Nunca era prioridad, ni reina, ni plan.

No era grosero. Nunca una palabra fea.

Solo se alejaba. Se congelaba.

Se volvía un extraño, justo cuando ella más necesitaba sentirse especial.

Ramona, con su alma noble, seguía ahí.

Pensando que quizás, algún día, él la elegiría de verdad.

Y ese día llegó… pero no como ella lo soñó.

Él voló. Con otra.

Y a esa otra le dio su mejor versión.

Todo lo que Ramona nunca recibió…

lo entregó allá, como si ella solo hubiera sido el ensayo.

Y entonces Ramona se preguntó…

¿fui amor? ¿fui refugio? ¿o simplemente fui la escuela donde aprendió a amar para otra?

Ese día, Ramona no gritó. No rogó. No hizo escándalo.

Lloró, sí. Pero en silencio.

Y mientras el dolor caía gota a gota,

algo dentro de ella despertó.

El amor que no se honra, no se merece.

El amor que te esconde, no es amor.

Ramona recogió su dignidad.

Se limpió el alma.

Y decidió no volver donde solo la querían a ratitos.

Hoy, Ramona no espera más.

No por orgullo, sino por amor propio.

Ya no toca puertas cerradas.

Ahora abre ventanas para que entre la luz.

Y si alguien la ama, que la ame completa, sin sombras, sin condiciones.

Porque esta travesura no fue un error.

Fue una revelación.

Y aunque no fue la historia que ella merecía…

fue la historia que la hizo fuerte.

Ramona aprendió que no se trata de ser la inspiración de alguien,

sino de ser la reina de su propia historia.

Y si a veces la vida te da menos…

es porque te está guardando algo mejor.

Ahora, Ramona no sueña con que la elijan.

Ella elige. Ella camina. Ella brilla.

Porque quien no supo verla, simplemente no era capaz de sostener tanta luz.


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