Cuando tu luz molesta: pero tu destino es más fuerte
A veces, en el silencio de los sueños, el corazón nos susurra verdades que la razón no se atreve a aceptar.
No todas las amistades son reales. Algunas solo buscan cobijarse en nuestra luz para ocultar su sombra.
Pero llega el día en que, sin gritos ni culpas, uno decide caminar ligero, cuidando su brillo y su dignidad.
Porque quien de verdad ama, no utiliza; y quien de verdad brilla, no teme que otros también lo hagan.
Hay personas que, aunque tienen más recursos, más comodidad y más caminos abiertos, en vez de inspirarse, sienten envidia por quienes apenas están comenzando a construir su sueño. ¿Por qué? Porque el brillo auténtico —el que nace del esfuerzo, de la honestidad, de la inteligencia limpia— no se compra, no se hereda, no se puede imitar. Y eso, molesta.
Hay quienes, a pesar de tenerlo todo, no soportan ver a quien, desde abajo, lucha, propone, aporta con visión y con un corazón íntegro.
A esas mentes, la bondad molesta. La autenticidad molesta. Hasta el silencio molesta.
No solo pasa en la amistad o en el trabajo. También pasa en el amor.
Existen amores que se disfrazan de dulzura, de comprensión, de detalles pequeños… pero que detrás esconden crueldad, manipulación y vacío.
Amores narcisistas que no buscan compartir vida, sino lucrarse emocionalmente: robarte la energía, la inocencia, la alegría.
Personas que actúan en silencio, que se acercan con sumisión aparente, pero cuyo verdadero interés es aprovecharse, sacar lo mejor de ti, dejarte desgastada y seguir su camino como si nada.
Personas de agilidad rápida y ávida, que piensan solo en su propio beneficio, sin importar a quién tengan que herir, a quién tengan que destruir.
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